CALZADO CLASICO





Los modelos para hombre considerados clásicos actualmente son producto de una especie de fiera competición que tuvo lugar entre los maestros zapateros europeos durante los años 1880 a 1889. Los talleres ubicados en  en Londres, París, Münich, Viena y Budapest se hicieron famosos en todo el mundo gracias a su habilidad e individualidad.

Lo que determina un modelo de zapato es principalmente la forma que presenta su estructura. Existen algunas categorías básicas. En primer lugar, un modelo de zapato se define por el método de cierre: zapato de cordones (abierto o cerrado), zapato con hebilla o mocasín. En un zapato con cordones cerrado, como el modelo Oxford, las orejas van cosidas bajo la empella y se cierran sobre una lengüeta cosida. Si el zapato es abierto, como el modelo Blucher, las orejas se cierran sobre la empella, que a su vez se transforma en lengüeta. Otra característica es el número de piezas que componen la parte superior del zapato. En la variante más simple, el mocasín, la parte superior consta de una sola pieza de cuero. Los modelos como el Budapest se componen de empella, cañetas y contrafuerte del talón exterior. La empella, puede además, estar fraccionada por una puntera recta o una puntera vega, o por distintas aplicaciones. Una tercera característica diferencial sería la existencia o no de un patrón de perforaciones (brogueing) que desde finales del siglo XIX caracteriza la moda del calzado masculino.

Los modelos clásicos no llegan a la docena, pero ofrecen múltiples posibilidades de variación en la confección de modelos individuales. Para la creación de un nuevo zapato, el diseñador se basa siempre en la elección de un modelo básico tradicional. No obstante, aplica su creatividad exclusivamente a las variedades de composición de la parte superior: el trazado de las líneas, el acoplamiento armónico de las piezas individuales, la adecuación de ornamentación (como, por ejemplo, brogueing, pespunteados, festoneados o superposiciones), color y superficies, y las posibles combinaciones entre ellas.

Aunque internacionalmente existe coincidencia en las denominaciones utilizadas para los modelos básicos, sus numerosas variedades reciben nombres individualizados en cada taller.

CUIDADO AL CALZADO





La pala de un zapato sólo podrá conservar su suavidad, elasticidad y brillo si recibe los cuidados adecuados. La piel del calzado mal cuidado acaba secándose, quebrándose (principalmente en los lugares donde se flexiona) y resquebrajándose tarde o temprano. Los zapatos mal cuidados tienen una vida relativamente corta.

El cuidado minucioso se convierte en una agradable rutina para el propietario del zapato, siempre y cuando disponga de un equipo adecuado. Y aunque se equipo cuente con todos los utensilios necesarios, también debe tener en cuenta el orden correcto de la limpieza.

El equipo debe contar como mínimo de un cepillo para quitar el barro, de cerdas de buey, caballo o cerdo; también son muy apreciados los cepillos de fibras de pita, los flexibles tejidos de las hojas de una especie de pita sudamericana. Con las gruesas cerdas de estos cepillos se elimina el barro seco y otros tipos similares de suciedad.

Se necesita un cepillo de aplicación para cada color. Normalmente se confeccionan con pelo suave de caballo. Debe evitarse el uso de un solo cepillo para la aplicación de todos los colores puesto que los restos secos de color pueden mezclarse y provocar irregularidades de tonalidad, o bien pueden dar lugar a tonalidades completamente distintas. Los zapatos de piel combinada y colores distintos complicar el procedimiento de limpieza. Si por ejemplo se posee un modelo Spectator, serán precisos dos cepillos únicamente para ese modelo: un cepillo negro para la piel  negra y uno blanco para la piel blanca. En caso de necesidad puede sustituirse el cepillo de aplicación por un cepillo de dientes o por una gamuza.

La cantidad de productos para la limpieza (betunes, líquidos) debería ser la misma que la de los cepillos de aplicación. Evidentemente, el calzado más exclusivo requiere artículos de limpieza de primera clase que se correspondan con exactitud al color de la pala, a menos que se desee intencionalmente que la pala del zapato adquiera un color "envejecido" rápidamente. En tal caso, el rojo burdeos, rojo burdeos oscuro; para un coñac claro, un marrón claro u oscuro, y para el marrón, betún negro. Se aplica una capa fina y regular de los productos de limpieza sobre la piel. A continuación, es preciso esperar unos 10 minutos para que penetren bien.

Otra parte importante del equipo de limpieza son los cepillos de abrillantar, elaborados con pelo de caballo o con pelo de la cola del caballo. Según el número de colores, se necesitará un número mayor o menor de ellos. Sirven para pulir el betún aplicado sobre la pala. Como sustituto del cepillo de abrillantar puede utilizarse un trapo blando. De hecho, en el caso de zapatos con una pala muy delgada, resulta muy recomendable usar un paño muy fino para prevenir su desgaste.

EL CUIDADO DE LOS PIES

EL CUIDADO DE LOS PIES
Nuestros pies nos transportan de un lado al otro y son una de las partes del cuerpo a que menos atención prestamos. A menudo, usamos tacones demasiado altos, hormas muy estrechas o puntas excesivamente afiladas que nos pueden provocar lesiones irreparables.

El momento idóneo para comprar calzado y probárselo es la última hora de la tarde, pues nuestros pies están cansados y hasta puede que hinchados. Por ello, podremos adquirir zapatos que no nos aprieten. Conviene probarse los dos zapatos, ya que es posible que un pie sea más grande que el otro.

El uso de tacones altos provoca no sólo deformidad de la bóveda de la planta, sino que también puede producir un acortamiento de los gemelos y sobrecarga en los dedos de los pies. Los dedos se aplastan contra la punta del zapato y se deforman en forma de garra.

Por su parte, las puntas afiladas hacen que los dedos queden aprisionados y se desequilibren. Es el dedo gordo el que más sufre, pudiendo dar lugar a un juanete. Deformado, rechaza los dedos medios que también se deforman y el dedo pequeño sufre una deformación inversa. Estos problemas son inicialmente pasajeros, pero el uso prolongado de calzado inadecuado puede dar lugar a que sean permanentes.

Usar calzado inadecuado puede acarrearnos las siguientes consecuencias:

• Juanetes.
• Dolores en la planta del pie y en el antepié.
• Deformidades en los dedos.
• Inflamación en los pies, pues la sangre no circula correctamente.
• Callosidades originadas por el roce y la presión.
• Inflamaciones en el tendón de Aquiles, dolores en los gemelos y en las rodillas.

CALZADO HOSPITALARIO

CALZADO COLEGIAL DEPORTIVO DOTACION

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